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Desde que Denis Villeneuve estrenó ‘Arrival’, el cine de ciencia ficción no había encontrado un equilibrio tan preciso entre lo emocional y lo espectacular como lo hace ‘Proyecto Fin del Mundo’ (Project Hail Mary). Lejos de limitarse a los heroísmos convencionales de Hollywood, esta película propone un viaje íntimo donde la supervivencia de la Tierra se entrelaza con los recuerdos, la identidad y la amistad.

Una historia de supervivencia… Y amistad

Basada en la novela de Andy Weir, la historia sigue a Ryland Grace, un astrónomo que despierta en una nave espacial sin recordar cómo llegó allí. Poco a poco, la narrativa reconstruye su pasado y revela su participación en una misión global: evitar que una amenaza microscópica consuma el Sol y condene a la humanidad.

En este trayecto, la película encuentra su mayor fortaleza en la relación entre Grace y Rocky, una criatura tan extraña como entrañable que transforma la misión en algo más que una carrera contra el tiempo.

Ritmo narrativo y balance de tono

La estructura narrativa mantiene un ritmo ágil durante gran parte del metraje, con momentos de tensión bien dosificados y un uso efectivo del humor que aligera la carga dramática. No obstante, hacia su tercer acto aparecen ligeros tropiezos estructurales que debilitan parcialmente el cierre. Aun así, la resolución emociona, particularmente en la misión final, logra sostener el impacto.

Una propuesta visual sólida

En el apartado técnico, la película destaca por su apuesta visual. La fotografía de Greig Fraser, heredera de su trabajo en Dune, construye imágenes que combinan la inmensidad del espacio con una atención minuciosa a las texturas y la iluminación.

Además, el uso predominante de efectos prácticos sobre CGI aporta una sensación de realismo tangible, reservando lo digital principalmente para los exteriores, lo que refuerza la inmersión del espectador.

Así, Proyecto Fin del Mundo se consolida como una de las propuestas más emotivas de la ciencia ficción reciente, una que entiende que, incluso en la inmensidad del universo, las historias más poderosas siguen siendo profundamente humanas.

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